Autoría: Gabriela Panizo, estudiante de 1º de Bachillerato del IES San Benito.

No podría encontrar las palabras exactas para describir este periodo de confinamiento en lo que a lo personal se refiere. Sin embargo, sí puedo asegurar que, como para millones de personas en el mundo, ha supuesto un gran reto

La confusión, el miedo, la incertidumbre, la tristeza, la frustración, la impotencia, el estrés, el agobio, la ansiedad, la sensación de soledad… son emociones comunes e inevitables en estos tiempos, y sin duda, una de las mayores dificultades en el confinamiento. Todas ellas han afectado, en mayor o menor medida a la salud mental de muchísimas personas, derivando en numerosas ocasiones en problemas de concentración, de sueño, y generando obstáculos para seguir llevando una vida “normal”. 

Otra gran dificultad a la que hemos tenido que enfrentarnos es la convivencia. En muchísimas familias, esto ha resultado un grave problema. Pasar de verse 3 o 4 horas al día, o incluso menos, a estar juntos las 24 horas, puede originar roces, malestar, malentendidos y conflictos. Algunos estudios demuestran que durante los últimos dos meses, el confinamiento ha sido el principal motivo de divorcio y separaciones. 

Además, el teletrabajo y el teleaprendizaje al que nos hemos tenido que enfrentar puede resultar algo muy difícil para muchísimas personas. No todo el mundo cuenta con un lugar adecuado para estudiar o trabajar, teniendo que hacerlo en espacios muy limitados y/o con ruidos. Para muchos otros, hacerse cargo de los niños en el mismo lugar en que trabajan puede llegar a ser una tarea complicada y estresante. 

Por otro lado, y aunque pueda no parecerlo, el confinamiento tiene algunos aspectos positivos. Aunque suene contradictorio, puesto que anteriormente hablé de los problemas de convivencia, el confinamiento es una oportunidad para mejorar las relaciones familiares. Pasar más tiempo juntos puede ayudar a conocernos mejor, comunicarnos más y más respetuosamente y estar más unidos. 

Sin duda alguna, este periodo de aislamiento social nos ha servido para reflexionar sobre nuestra vida. Con ello nos hemos dado cuenta de todas las personas y cosas que echamos de menos. Algo tan simple como el día a día, un café en un bar, el sonido del mar, la risa de un ser querido. Por eso creo firmemente que esto ha hecho que nos demos cuenta de lo afortunados que somos y valorar mucho más lo que tenemos. 

REENCUENTRO

Otro aspecto positivo que puedo sacar de todo este tiempo es el reencuentro con uno mismo. Muchas veces, debido al estrés y las prisas del día a día no disponemos de tiempo para dedicarle a las cosas que verdaderamente nos gustan y nos llenan, como puede ser pintar, dibujar, tocar un instrumento, leer, cocinar… Creo que esta ha sido una oportunidad de oro para retomar todas esas actividades, debido a todo el tiempo que tenemos. 

Por último, pienso que uno de los aspectos más positivos del confinamiento, y más a nivel ambiental que personal es el considerable descenso de la contaminación. Las carreteras y calles de las ciudades han estado prácticamente libres de tráfico y de personas, además de una notable reducción del ruido. Un estudio de la Universidad Politécnica de Valencia afirma que el dióxido de nitrógeno, uno de los elementos responsables de la contaminación en el aire, ha bajado una media de 53% en toda España. 

En resumen, el confinamiento tiene inconvenientes como la carga emocional que supone, posibles problemas de convivencia y dificultades para conciliar la vida laboral o estudiantil con la familiar, pero de la misma manera tiene aspectos positivos como lo son pasar tiempo de calidad en familia, reencontrarse con uno mismo y valorar más las cosas de nuestra vida, además de una gran ventaja para el medio ambiente que es el descenso de la contaminación.