Autoría: Elisa Rostro García, estudiante de 4º de ESO del IES San Benito.

La adolescencia, por naturaleza, es un momento crucial de la vida, dado a que nos ayuda a formarnos mentalmente, físicamente y comienza el proceso de decisión de muchos aspectos y de nuestro futuro académico, además de desarrollarse las relaciones interpersonales cara al mundo, la gestión de las emociones y los problemas que van apareciendo.

Todo esto se engloba en una serie de factores donde, que según la persona, actúa de una manera u otra. Un ejemplo es la llegada al instituto, un gran salto que dan los niños para dar paso a la ESO y que son momentos cruciales para este recorrido, tanto que, empiezan a haber situaciones que son impuestas a causa de la cara negativa de la sociedad.

Aparecen abusos escolares, frustraciones y problemas de autoestima, estrés, etc. De ahí vienen las consecuencias como el aislamiento de la sociedad, la negatividad y la imposición de unas normas propias, problemas de conducta y de alimentación, así como algo extremadamente peligroso y común como es la dependencia tecnológica.

Estemos concienciados y tengamos la mente abierta para todo este tipo de situaciones, dato muy importante que no se suele aclarar, y es que el objetivo para esas edades es el deseo de alcanzar el bienestar social y emocional. Se ven casos donde el principal factor causante de estos trastornos es la poca comunicación que se da en los hogares, además del adolescente presentar conductas de mal comportamiento. Otro factor son los problemas que se dan en los centros educativos, donde siempre se debe partir de una base de educación para los niños y que estos muchas veces no tienen, así como invaden la intimidad y la integridad de la persona por “diversión” algo que sigue ocurriendo en todas las escuelas y que se debe erradicar.

Ahora bien, estos, en referencia a lo que puede afectar la situación, no sólo para los afectados es un proceso costoso, sino, una vez reconocido el problema, también es lo que acarrea a las familias en gran parte. Por ello, es muy importante prevenir y concienciar, dado a que se les da poco apoyo inconscientemente en un principio y se encuentra poca comunicación entre afectado y su entorno. Por lo tanto, estamos hablando de un problema que lo sufren muchísimos niños de nuestro entorno, tanto si se lo guardan como secreto como si se reconoce el problema más temprano.

Se podría afirmar que todos, en la edad de la adolescencia hemos sufrido algún tipo de insulto o discriminación, haber visto algún caso de bulling, ver como una persona sufre en silencio y los amigos de su entorno hacen la vista gorda…

En cuanto a la repercusión que ha tenido la COVID 19 en la salud mental, se ha incrementado casos de estrés, ansiedad y adicción, algo que ha afectado negativamente siendo así unas circunstancias donde se ha elevado el nivel y los casos de fuertes problemas de aislamiento y de codependencia del entorno vivido en momentos tan difíciles para la gran mayoría de nuestra población mundial.

En conclusión, para una nueva generación sana y con un mínimo de estabilidad emocional, se debe partir como base de una buena educación para todos, sobre todo los padres, observando más de cerca el comportamiento de sus hijos adolescentes y del tipo de ambiente en el que están rodeados, y así prevenir antes que curar grandes heridas que dejan al afectado y a sus familias.

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